Instalación, 2015–2019
Portada: Los dos laberintos
Alianza Francesa de Martínez, 2019
Fotos de portada y (3) por Facundo Basavilbaso, (1) y (2) por Michèle Garrec,
(4) por Julieta Pestarino, (5) y (6) por Estudio Walter. Casa para artistas
Instalación que tiene como punto de partida el cuento Los dos reyes y los dos laberintos de Jorge Luis Borges, con un tablero que contiene un juego de cartas y dos grabados. Las cartas son doble faz, hechas en grabado sobre metal. De un lado esta el desierto, negro sobre Blanco, y del otro lado un laberinto blanco sobre negro, como los dos reyes del cuento. La posición y el sentido de las cartas puede cambiar, pero siempre se unen las partes para obtener un paisaje desértico de un lado y laberíntico del otro.
Proyecto desarrollado en el marco de la tesis de Grabado de la escuela Estienne, 2015.
Performance creada y dirigida en conjunto con Roberta Ettori con la participación de Pablo Dompé, Santiago Gatti e invitados, Alianza Francesa de Martínez, 2019.
(1) Los dos reyes y los dos laberintos
35 x 40 cm / Juego de 15 cartas doble faz en aguafuerte y caja de diversos materiales / 2015
Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: «Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso». Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.
Jorge Luis Borges
(1) Vista de instalación, Topografías del habitar, Galería Gachi Prieto, 2020
(2) Vista de instalación, Alianza Francesa de Martínez, 2019
(2) Desierto
80 x 80 cm, cada una / aguafuerte / 2015–2019
(3) Laberinto
80 x 80 cm, cada una / aguafuerte / 2015–2019